sweet poisons

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A la mayoría de los individuos que Bruno tuvo ocasión de frecuentar en el curso de su vida los motivaba exclusivamente la búsqueda del placer, si incluimos en la noción de placer las gratificaciones narcisistas, tan ligadas al aprecio o la admiración del prójimo. Así se desplegaban distintas estrategias, calificadas de vidas humanas.
MH
Accionistas vieneses, beatniks, hippies y asesinos en serie tenían en común ser unos libertarios integrales, que predicaban la afirmación integral de los derechos del individuo frente a todas las normas sociales, a todas las hipocresías que según ellos constituían la moral, el sentimiento, la justicia y la piedad. En este sentido, Charles Manson no era ni mucho menos una desviación monstruosa de la experiencia hippie, sino su desenlace lógico…
MH
Lo que las masas adulan por encima de todas las cosas es la imagen del mal impune.
MH
En cualquier confrontación violenta hay una especie de instante de gracia, un segundo mágico en el que se equilibran las fuerzas en suspenso.
MH
Puede que la vejez sea eso; las reacciones emocionales se embotan, hay pocos rencores y pocas alegrías; uno se preocupa sobre todo por el funcionamiento de sus órganos, por su precario equilibrio.
MH
Al considerar los acontecimientos presentes de nuestra vida, oscilamos constantemente entre la fe en el azar y la evidencia del determinismo. Sin embargo, cuando se trata del pasado, no tenemos la menor duda: nos parece obvio que todo ha ocurrido del modo en que, efectivamente, tenía que ocurrir.
MH
La posibilidad de vivir empieza en la mirada del otro.
MH
Aceptar la ideología del cambio continuo es aceptar que la vida de un hombre se reduzca estrictamente a su existencia individual, y que las generaciones pasadas y futuras ya no tengan ninguna importancia para él.
Michel Houellebecq
Una mentira es útil cuando permite transformar la realidad, pensó; pero cuando la transformación fracasa sólo queda la mentira, la amargura y la conciencia de la mentira.
Michel Houellebecq

No cabía duda de que las mujeres eran mejores que los hombres. Eran más dulces, más amables, más cariñosas, más compasivas; menos inclinadas a la violencia, al egoísmo, a la autoafirmación, a la crueldad. Además eran más razonables, más inteligentes y más trabajadoras.

En el fondo, se preguntaba Michel observando los movimientos del sol sobre las cortinas, ¿para qué servían los hombres? Puede que en épocas anteriores, cuando había muchos osos, la virilidad desempeñara un papel específico e insustituible; pero hacía siglos que los hombres, evidentemente, ya no servían para casi nada. A veces mataban el aburrimiento jugando partidos de tenis, cosa que era un mal menor; pero a veces les parecía útil hacer avanzar la historia, es decir, provocar revoluciones y guerras, esencialmente. Además del absurdo sufrimiento que causaban, las revoluciones y las guerras destruían lo mejor del pasado, obligando siempre a hacer tabla rasa para volver a edificar. Si no se inscribía en el curso regular de un avance progresivo, la evolución humana cobraba un cariz caótico, desestructurado, irregular y violento. Los hombres, con su amor por el riesgo y el juego, su grotesca vanidad, su irresponsabilidad, su violencia innata, eran directamente responsables de todo eso. Desde todos los puntos de vista, un mundo compuesto sólo de mujeres sería infinitamente superior; evolucionaría más despacio pero con regularidad, sin retrocesos ni nefastas reincriminaciones, hacia un estado de felicidad común.

Michel Houellebecq
El deseo, al contrario que el placer, es fuente de sufrimiento, odio e infelicidad. Esto lo sabían y enseñaban todos los filósofos: no sólo los budistas o los cristianos, sino todos los filósofos dignos de tal nombre. La solución de los utopistas, de Platón a Huxley pasando por Fourier, consiste en extinguir el deseo y el sufrimiento que provoca preconizando su inmediata satisfacción. En el extremo opuesto, la sociedad erótico-publicitaria en la que vivimos se empeña en organizar el deseo, en aumentar el deseo en proporciones inauditas, mientras mantiene la satisfacción en el ámbito de lo privado. Para que la sociedad funcione, para que continúe la competencia, el deseo tiene que crecer, extenderse y devorar la vida de los hombres.
Michel Houellebecq

— Siempre me ha sorprendido —empezó sin sentarse siquiera— la extraordinaria precisión de las predicciones que hizo Huxley en Un mundo feliz. Es alucinante pensar que ese libro fue escrito en 1932. Desde entonces, la sociedad occidental no ha hecho otra cosa que acercarse a ese modelo. Un control cada vez más exacto de la procreación, que cualquier día acabará estando completamente disociada del sexo, mientras que la reproducción de la especie humana tendrá lugar en un laboratorio, en condiciones de seguridad y fiabilidad genética totales. Por lo tanto, desaparecerán las relaciones familiares, las nociones de paternidad y de filiación. Gracias a los avances farmacéuticos, se eliminarán las diferencias entre las distintas edades de la vida. En el mundo que describió Huxley, los hombres de sesenta años tienen el mismo aspecto físico, los mismos deseos, y llevan a cabo las mismas actividades que los hombres de veinte años. Después, cuando ya no es posible luchar contra el envejecimiento, uno desaparece gracias a una eutanasia libremente consentida; con mucha discreción, muy deprisa, sin dramas. La sociedad que describe Brave New World es una sociedad feliz, de la que han desaparecido la tragedia y los sentimientos violentos. Hay total libertad sexual, no hay ningún obstáculo para la alegría y el placer. Quedan algunos breves momentos de depresión, de tristeza y de duda; pero se pueden tratar fácilmente con ayuda de fármacos; la química de los antidepresivos y de los ansiolíticos ha hecho considerables progresos. «Un centímetro cúbico cura diez sentimientos.» Es exactamente el mundo al que aspiramos actualmente, el mundo en el cual desearíamos vivir.

»Sé muy bien —continuó Bruno haciendo un gesto con la mano como para barrer una objeción que Michel no había hecho— que el universo de Huxley se suele describir como una pesadilla totalitaria, que se intenta hacer pasar ese libro por una denuncia virulenta; pura y simple hipocresía. En todos los aspectos, control genético, libertad sexual, lucha contra el envejecimiento, cultura del ocio, Brave New World es para nosotros un paraíso, es exactamente el mundo que estamos intentando alcanzar, hasta ahora sin éxito.

Michel Houellebecq
Las relaciones familiares duran algunos años, a veces algunos decenios, de hecho duran mucho más tiempo que las demás; y al final también mueren.
Michel Houellebecq

Una o dos veces por semana Bruno decidía cambiar de vida, tomar una dirección radicalmente distinta. Lo hacía así: primero se desnudaba por completo y se miraba al espejo; tenía que llegar al extremo del menosprecio, contemplar largo rato el horror de su vientre hinchado, de sus mofletes, de su culo caído. Luego apagaba todas las luces. Juntaba los pies, cruzaba las manos sobre el pecho, inclinaba ligeramente la cabeza para concentrarse mejor. Entonces hacía una inspiración lenta, profunda, hinchando al máximo su asquerosa barriga; luego espiraba, también muy despacio, pronunciando mentalmente un número. Todos los números eran importantes, no podía perder la concentración; pero los más importantes eran el cuatro, el ocho y por supuesto el último, el dieciséis. Cuando se irguiese tras contar hasta dieciséis, espirando con toda su alma, sería un hombre completamente nuevo, dispuesto a vivir de una vez, a entrar en la corriente de la existencia. Ya no tendría ni miedo ni vergüenza; comería con normalidad, se comportaría normalmente con las chicas. «Hoy es el primer día del resto de tu vida.».

Esta pequeña ceremonia no tenía el menor efecto sobre su timidez, pero a veces era bastante eficaz contra la bulimia; en ocasiones tardaba dos días en recaer. Él atribuía el fracaso a una falta de concentración y luego, casi de inmediato, volvía a creérselo. Era joven todavía.

Michel Houellebecq
Me gustaba la vida. La amaba. Tenía un temperamento sensible y cariñoso, siempre me ha encantado hacer el amor. Algo salió mal; no entiendo muy bien qué, pero algo salió mal en mi vida.
Michel Houellebecq